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miércoles, 2 de marzo de 2011

Primero que todo

Hoy noto que la frustración podría arrastrarme por un río de duras palabras. Hoy sería capaz de llenar todo mi día de acusaciones, reproches y de crítica. Hoy, lo único que he encontrado para no ser río salvaje y sí fuente de calma, ha sido un texto de Mario Benedetti, que mi sabia compañera ha seleccionado para mi.

Quisiera dedicar ese texto, que el gran Benedetti firmaba años atrás con su habitual maestría, al conjunto de profesionales que forman el Club Ourense Baloncesto (técnicos y jugadores COB, muy especialmente).

Y quisiera que lo leyesen porque, aunque estoy seguro de que ya ni conservan la capacidad de sentir vergüenza, sí podrían hacer un examen de conciencia y preguntarse a sí mismos si toda una ciudad es merecedora de acciones tan impropias, deshonrosas, humillantes y ruines. Así pues:

PRIMERO QUE TODO

Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace en menos tiempo de lo esperado.

Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones, la gente que no deja las soluciones al azar.

Me gusta la gente estricta con su gente y consigo misma, pero que no pierda de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.

Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo, entre amigos, produce más que los caóticos esfuerzos individuales.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables.

Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó.

Me gusta la gente que al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente; a éstos los llamo mis amigos.

Me gusta la gente fiel y persistente, que no fallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.

Me gusta la gente que trabaja por resultados. Con gente como esa, me comprometo a lo que sea, ya que con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido.

Mario Benedetti

Aunque se esté en calma, uno no puede disimular la tristeza y el dolor que le invade cuando la realidad le empuja a reconocer que no le gusta la gente que quisiera querer. Me duele este Club Ourense Baloncesto... No puedo seguir así.

viernes, 22 de octubre de 2010

Once Brothers

Sería un error creer que ‘ONCE BROTHERS’, el documental estrenado hace días por la ESPN, sobre Drazen Petrovic y Vlade Divac, es un documental acerca de baloncesto. Y sería un error, aún mayor, el perderse esta pieza imprescindible, en la que el deporte del baloncesto es tan sólo un vehículo que nos transporta por la vida misma, presentándonos los símbolos, banderas y emblemas que nuestra sociedad enarbola para representar unos valores. Es un viaje en el que se nos cuenta, en primera persona, la dificultad que entraña dominar el arte de las relaciones personales. Y como viajeros que, desde sus butacas, fijan la mirada en el paisaje cambiante que van dejando atrás, en poco menos de una hora, asistimos a una sucesión de situaciones que plasman contundentemente las dos caras de una misma vida: la de la amistad y enemistad más pasionales; el éxito y el fracaso; lágrimas de una inmensa alegría pero también de dolor desgarrador; luces, sombras, aciertos, errores y juicios equivocados. 

Es, también, un didáctico manual de psicología de la personalidad, que recoge desde obsesiones perfeccionistas y autoexigencias, hasta comportamientos arrogantes. Una constatación de que incluso aquellas personalidades más impactantes, que poseen un carisma y una capacidad de liderazgo indiscutibles, sufren instantes de duda y de flaqueza, en ocasiones propiciados por la acción de la estupidez humana. Una estupidez que desea siempre encontrar adversarios y empuja hacia los resentimientos forzados, impuestos desde un colectivo que diluye la voluntad propia.

Yo he querido quedarme con una de las frases finales del documental: “Is good to see you again, my friend”, porque todos deberíamos detenemos a reflexionar sobre la profundidad que encierra una afirmación tan sencilla y natural, sin permitir que se convierta en otra de esas manidas frases a las que nos empeñamos en quitar toda su fuerza y sentido.

Deberíamos, efectivamente, meditar acerca de la amistad y de numerosas cualidades inherentes a ella, que nunca pueden pasar desapercibidas, porque son de esas cosas verdaderamente importantes. Yo quiero pensar en esa frase. Quiero hacerlo ahora, sin atropellos, porque tengo la convicción de que si todos escogiésemos hacerlo de este modo, los valores positivos que transmite, situados en lo más alto de la jerarquía, funcionarían como una eficaz vacuna ética contra la temeraria estupidez y sus antivalores oportunistas. E, incluso mucho más importante, si lo hiciéramos así, nunca más llegaríamos demasiado tarde a pronunciarla.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Twitter 500mg (140 cápsulas)

No se encuentra en farmacias, parafarmacias ó centros médicos del mundo físico. No. Es un medicamento surgido de las entrañas del nuevo mundo digital, social-conectado y 2.0.

Yo, que casi siempre he llegado tarde y con la mosca detrás de la oreja a todas estas cosas, no he hecho ninguna excepción con la velocidad de absorción de este Twitter, servido en 140 cápsulas. Pero ahora, movido por el sociólogo e investigador frustrados que llevo a cuestas, me he embarcado en la importantísima ocupación de diseccionar algunos de los hábitos y usos comunes advertidos entre los consumidores confesos de este "remedio masivo".

El caso es que decidí encender el microscopio de mi laboratorio particular, dispuesto a aislar los bits y los bytes, para quedarme con la esencia misma del producto y las primeras conclusiones han empezado a surgir, transcurridas unas semanas desde el comienzo de mi participación en el ensayo clínico

La más importante es que, contrariamente a mi idea de partida, de que Twitter 500mg (140 cápsulas) podría llegar a ser utilizado como un medicamento de mejora comunicativa, indicado para fortalecer el intelecto y fomentar el debate entre las personas y para fulminar todo tipo de pasividad parasitaria, característica de los consumidores de contenidos; pues me ha entristecido constatar que únicamente funciona de forma óptima como potenciador (excelente, eso sí) de egos y autoestimas.

Me ha parecido especialmente llamativa y reveladora la tendencia observada en algún personaje, de retuitear a toda su legión de Followers aquello que, más o menos ingeniosamente, escribe algún seguidor bastante anónimo y pelota en busca del maná de la máxima repercusión, elogiando y glosando la figura de aquel. Perdón, pero este es el acto de homenaje al amor propio más evidente que he visto nunca, después de la masturbación.

Y curiosa es también, aunque más entendible por nuestra naturaleza exhibicionista, la práctica del ‘autobombo’ sin restricciones; del anuncio obsesivo de MI nuevo 'esto' ó de MI 'aquello' otro. Afortunadamente, detrás de ese exhibicionismo de partida, siempre podemos rescatar magníficas excepciones, rebosantes de brillantez y creatividad, que anestesian nuestro dolor intelectual.

En conjunto, dado que no veo evidencias claras de que el medicamento en estudio venza la natural predisposición de las masas 2.0 a permanecer pasivas, ni de que sólo 140 comprimidos, por muchas repeticiones que se intenten, propicien una mejora en nuestra comunicación con terceros; en mi informe final (importantísimo, como ya se ha dicho), recomendaré que el Twitter 500mg (140 cápsulas) sea prescrito sólo como medicamento estrella para afrontar la depresión adolescente y las crisis existenciales de la mediana edad... Aunque es cierto que ambas patologías deberían desaparecer por sí mismas, con el simple paso del tiempo, el fármaco aliviará de forma considerable ese tránsito. Lo recomendaré a pesar de la insistencia de muchos otros colegas de la comunidad que, persuadidos de su eficacia y eficiencia máximas, piden que reconsidere mi posición.

Eso sí, uno, que ya está rebasando el ecuador de su vida y no cree en las verdades absolutas, puede que se permita la licencia (muy hipócrita) de seguir usando el fármaco durante algún tiempo, siempre con humor y moderación, más alguna aportación propia a la composición química del mismo, que evite sus efectos más graves y adversos… La visión borrosa de la realidad es uno de los que siempre me ha preocupado especialmente... Y no, esta vez no hay alusión que valga a mi miopía ó astigmatismo.