Nacido
en Abidjan, capital económica de Costa de Marfil, un 6 de julio del 1959, Richard “Le DAC” Dacoury es considerado, con todo merecimiento, como el jugador más carismático y gran símbolo del baloncesto francés. No en vano, estamos ante el jugador galo más laureado de toda la historia, con 20 títulos, 19 de ellos conseguidos defendiendo el escudo y los colores (éstos últimos, algo cambiantes a lo largo de la historia, por cierto) de su querido Cercle Saint Pierre –CSP– Limoges. De entre su envidiable palmarés podemos destacar 1 Copa de Europa (ahora, Euroliga), 2 Copas Korac ó 9 Ligas y 7 Copas de Francia.
en Abidjan, capital económica de Costa de Marfil, un 6 de julio del 1959, Richard “Le DAC” Dacoury es considerado, con todo merecimiento, como el jugador más carismático y gran símbolo del baloncesto francés. No en vano, estamos ante el jugador galo más laureado de toda la historia, con 20 títulos, 19 de ellos conseguidos defendiendo el escudo y los colores (éstos últimos, algo cambiantes a lo largo de la historia, por cierto) de su querido Cercle Saint Pierre –CSP– Limoges. De entre su envidiable palmarés podemos destacar 1 Copa de Europa (ahora, Euroliga), 2 Copas Korac ó 9 Ligas y 7 Copas de Francia.Fue en aquella final de Euroliga, disputada un 15 de abril de 1993 en Atenas, dónde Richard Dacoury marcó un doble hito en su carrera al capitanear, por primera vez en la historia, a un club francés al máximo título continental y, de paso, convertirse en el primer jugador de origen africano, junto con su compañero Marc M’Bahía, en disputar y ganar este preciado trofeo. Ambos lo consiguieron al imponerse, contra todo pronóstico, a plantillas con más recursos y talento, creyendo siempre en su trabajo, en su experiencia y en un esquema de juego lento, de marcadores bajos, impuesto por Bozidar Maljkovic.
Nadie apostaba por ellos aquel 1993. Eran, según la opinión generalizada de la prensa, un equipo
El gran capitán Dacoury, junto a compañeros de lujo, como Michael Young y Jure Zvdoc, obviaron las críticas y se propusieron convertirlas en loas.
En primer lugar, en la semifinal de la Final Four, su equipo se impuso al Real Madrid de Arvydas
Sabonis, con una determinante aportación del alero francés: 14 puntos llevaron su firma. Y en la gran final, los franceses derrotaron de forma apretada al entonces gran favorito, Benetton Treviso, liderado por otra rutilante estrella de nombre Toni Kukoc. Dacoury, encomendado esta vez a labores defensivas, se vio lastrado por faltas personales y sólo pudo disputar 12 minutos, para anotar 3 puntos (3/3 TL). No obstante, la cenicienta del torneo, apoyada por apenas 150 incondicionales en la grada, conseguía frustrar el deseo del gran Kukoc de dejar la vieja Europa imbatido, en cuanto a finales de competiciones de clubes se refiere. El croata ponía rumbo a Chicago, rumbo a la NBA, entre amargura y lágrimas que “durarían hasta el mismo aeropuerto de Atenas”, según declaró tiempo después el maestro Maljkovic.
Los veteranos lo habían logrado: Acababan de impartir su última lección magistral.
Desde aquel lejano 1993, han tenido que transcurrir 17 largos años hasta que otro jugador africano, Boniface Ndong (Senegal), se haya unido a Dacoury y M’Bahía en tan privilegiado podio de jugadores nacidos en África que han levantado el trofeo de la Euroliga, tras el reciente triunfo del Regal FC Barcelona en la edición 2010, culminada en la Final Four de Paris.
Y, también desde entonces, la vecina Francia sigue a la espera de algún otro proyecto de club ganador capaz de acercarse a tales cotas de éxito. Ésta parece una gesta irrepetible.
Dotado de un físico privilegiado, impactante para aquellos comienzos y mediados de los 80, con unas cualidades atléticas al nivel de cualquier “Small-Guard” NBA del momento, Richard Dacoury siempre supo ser un jugador tremendamente sacrificado y disciplinado, actuando en favor de su equipo. Fue, en la opinión de un servidor, un adelantado a su tiempo y el mejor defensor del viejo continente durante años. A través de sus extenuantes vigilancias a los pares más peligrosos, a los que era sistemáticamente emparejado por sus técnicos, debilitaba a los conjuntos rivales y, al tiempo, insuflaba aire, ánimo y confianza a los suyos… Los Petrovic, Gallis, Paspalj, Epi ó Villacampa, por citar algunos nombres ilustres, sabían bien de qué pasta estaba hecho este luchador.
Los veteranos lo habían logrado: Acababan de impartir su última lección magistral.
Desde aquel lejano 1993, han tenido que transcurrir 17 largos años hasta que otro jugador africano, Boniface Ndong (Senegal), se haya unido a Dacoury y M’Bahía en tan privilegiado podio de jugadores nacidos en África que han levantado el trofeo de la Euroliga, tras el reciente triunfo del Regal FC Barcelona en la edición 2010, culminada en la Final Four de Paris.
Y, también desde entonces, la vecina Francia sigue a la espera de algún otro proyecto de club ganador capaz de acercarse a tales cotas de éxito. Ésta parece una gesta irrepetible.
Dotado de un físico privilegiado, impactante para aquellos comienzos y mediados de los 80, con unas cualidades atléticas al nivel de cualquier “Small-Guard” NBA del momento, Richard Dacoury siempre supo ser un jugador tremendamente sacrificado y disciplinado, actuando en favor de su equipo. Fue, en la opinión de un servidor, un adelantado a su tiempo y el mejor defensor del viejo continente durante años. A través de sus extenuantes vigilancias a los pares más peligrosos, a los que era sistemáticamente emparejado por sus técnicos, debilitaba a los conjuntos rivales y, al tiempo, insuflaba aire, ánimo y confianza a los suyos… Los Petrovic, Gallis, Paspalj, Epi ó Villacampa, por citar algunos nombres ilustres, sabían bien de qué pasta estaba hecho este luchador.
Pero Dacoury también poseía cualidades técnicas innatas y, por encima de todo, poseía disciplina y un deseo enorme de trabajar y desarrollar dichas cualidades. Con el tiempo, añadió y perfeccionó nuevas armas a su arsenal que le permitieron no anclarse en el rol de especialista defensivo; para aparecer en escena en campo ofensivo ofreciendo soluciones eficaces, siempre que sus compañeros las necesitaban.
Bien finalizando un contraataque colgado del aro, bien atacando de forma casi imparable la canasta ó bien con lanzamientos de media y larga distancia, él siempre sumaba para el equipo.
Valga como dato que, aún en la actualidad, ocupa uno de los primeros lugares en la clasificación histórica de anotadores en la ProA francesa, con 5.228 puntos encestados.
Bien finalizando un contraataque colgado del aro, bien atacando de forma casi imparable la canasta ó bien con lanzamientos de media y larga distancia, él siempre sumaba para el equipo.
Valga como dato que, aún en la actualidad, ocupa uno de los primeros lugares en la clasificación histórica de anotadores en la ProA francesa, con 5.228 puntos encestados.
España 86: La pequeña espina clavada en el recuerdo de Dacoury.
Pero este gran clásico del baloncesto francés no tuvo tanta suerte en las competiciones disputadas con la selección nacional, en las que predominaron las sombras y tonos oscuros sobre las luces. Internacional por Francia en 160 ocasiones, desde su primera convocatoria, un 5 de mayo de 1981 (encuentro disputado ante Cuba), hasta el último partido con les “Bleus”, celebrado el 26 de junio del 1992 frente a Suiza, Dacoury nunca consiguió una medalla y su mejor resultado fue un 4ª puesto en el Europeo del 91. Tan sólo disputó un Campeonato Mundial, en la edición de 1986, celebrada en nuestro país, con la selección francesa encuadrada en el mismo grupo que Brasil, Grecia y la anfitriona España, en la sede de Zaragoza.
Aquel Mundial pasará a la historia por la gran final USA-URSS, decantada a favor de los americanos por 87-85, pero también por los records de anotación individuales:
Hasta 4 de las máximas anotaciones históricas registradas en campeonatos del Mundo FIBA, se vieron en aquella edición española del 86. La cifra máxima (53 ptos) correspondió al “pequeño gigante” y cañonero griego, Nikos Gallis, en choque desigual frente a Panamá. Al día siguiente, Gallis también supo esquivar las “trampas” que nuestro protagonista, Richard Dacoury, le había preparado y, en un enfrentamiento clave para dilucidar un puesto en la siguiente ronda, martirizó el aro francés hasta acumular otros 34 puntos que, a la postre, resultaron decisivos… Francia había caído también en la jornada inaugural ante una España encabezada por Epi (20 ptos) y, como consecuencia, serían eliminados en esta primera fase de grupos, al tener en contra el average particular con la selección griega.
El líder y su grupo de escuderos (Ostrowski y Beugnot entre ellos), debían regresar a casa de forma prematura, dolidos porque su defensa no había sabido contener a los rivales y debían conformarse con una intrascendente 13ª plaza, la peor de todas las obtenidas durante su etapa en la selección.
Fue un serio revés, sin duda, pero aquello también supuso otra enseñanza más de la que “Flying
DAC”, alumno aventajado de la promoción del 59, sacaría partido años después… Vaya si lo hizo!
Aquel Mundial pasará a la historia por la gran final USA-URSS, decantada a favor de los americanos por 87-85, pero también por los records de anotación individuales:
Hasta 4 de las máximas anotaciones históricas registradas en campeonatos del Mundo FIBA, se vieron en aquella edición española del 86. La cifra máxima (53 ptos) correspondió al “pequeño gigante” y cañonero griego, Nikos Gallis, en choque desigual frente a Panamá. Al día siguiente, Gallis también supo esquivar las “trampas” que nuestro protagonista, Richard Dacoury, le había preparado y, en un enfrentamiento clave para dilucidar un puesto en la siguiente ronda, martirizó el aro francés hasta acumular otros 34 puntos que, a la postre, resultaron decisivos… Francia había caído también en la jornada inaugural ante una España encabezada por Epi (20 ptos) y, como consecuencia, serían eliminados en esta primera fase de grupos, al tener en contra el average particular con la selección griega.
El líder y su grupo de escuderos (Ostrowski y Beugnot entre ellos), debían regresar a casa de forma prematura, dolidos porque su defensa no había sabido contener a los rivales y debían conformarse con una intrascendente 13ª plaza, la peor de todas las obtenidas durante su etapa en la selección.
Fue un serio revés, sin duda, pero aquello también supuso otra enseñanza más de la que “Flying
DAC”, alumno aventajado de la promoción del 59, sacaría partido años después… Vaya si lo hizo!

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